La superación personal

La fuente de la motivación

El esfuerzo es muy importante para conseguir cualquier meta, independientemente de la disciplina a la que nos dediquemos. Es necesario preguntarse, qué impulsa a una persona a someterse a un alto nivel de esfuerzo  para conseguir esa meta u objetivo. 

De manera instantánea, se podría pensar que es el objetivo en cuestión lo que anima a alguien a esforzarse tanto. Pero esa no sería la respuesta más adecuada. Realmente, la razón está relacionada con la motivación que esa persona tiene para perseguir dicho objetivo. 

Pero ¿qué es la motivación? Según la RAE, es esa ‘el conjunto de factores internos y externos de una persona que determinan en parte sus acciones’. Por tanto, existen una serie de factores que van a influir de manera decisiva sobre lo que hacemos a la hora de alcanzar un objetivo. 

Siguiendo el hilo de la definición, estos factores pueden ser internos o externos, haciendo clara alusión a los dos tipos de motivación existentes: intrínseca y extrínseca. La motivación extrínseca recurre a aspectos externos, como la fama o el dinero en el ámbito de los músicos profesionales. Una fuente de motivación intrínseca que impulsa a muchos jóvenes es parecerse a sus ídolos. Por supuesto el apoyo de la familia como fuente de motivación es muy importante. Ser consciente de las propias motivaciones, es un factor clave porque muestra claramente por lo que se lucha. Esta certidumbre hacen que la dedicación y es esfuerzo sean mayores. 

Con respecto a los niveles elevados de esfuerzo y concentración (mental), requeridos en los músicos de alto nivel, es un aspecto ampliamente estudiado. En 1993 el investigador sueco Karl Anders Ericsson realizó un estudio con una serie de violinistas entre los que se encontraban los mejores del mundo. 

La investigación muestra el tipo de práctica que estos músicos realizaban en términos de concentración, disfrute y relevancia del tipo de práctica con respecto al resultado que podrían llegar a tener en una actuación oficial. El análisis final describe que dependiendo de la cantidad acumulada de la práctica más relevante y que más concentración requería así era el nivel de virtuosismo de estos músicos. En el estudio se dividió a los músicos en tres grupos por nivel musical. El grupo de nivel medio había acumulado 4.000 horas de este tipo de práctica, el de nivel alto acumuló 8.000 horas y el de máximo nivel acumuló 10.000 horas. 

Esta teoría se basa en la afirmación, de que únicamente gracias a un correcto estudio desarrollado con el máximo grado de esfuerzo y de concentración se pueden conseguir mayores logros en cualquier ámbito. Este tipo de práctica fue denominada por Ericsson “práctica deliberada”, y la definió como el tipo de práctica altamente estructurada con el expreso deseo de mejorar y no necesariamente divertida. Diferentes estudios han demostrado la relación entre el rendimiento y ella cantidad de este tipo de práctica en la mayoría de los ámbitos.

Cuando se llega al “flujo”, estado de máxima concentración en la actividad que se está realizando, el tiempo, el ego, e incluso el hambre desaparecen surgiendo casi de forma mágica gestos y movimientos a los que le precede la acción anterior. Este estado es muy dependiente de la capacidad de concentración. “El flujo” está también muy relacionado con la motivación intrínseca, ya que genera un estado de concentración que se percibe como divertido. 

Para terminar, hay otro factor más relacionado con el éxito: la actitud mental. En 1990 la investigadora Carol Dweck, realizó un experimento en una clase de Primaria. Propuso a los alumnos una serie de tareas (rompecabezas, problemas, puzzles…) que realizaron con resultados similares. Unos días después, se propuso al mismo grupo la realización otras tareas del mismo tipo que las anteriores, aunque diferentes en el contenido. Esta vez se dividió al alumnado en dos grupos de forma aleatoria. A los estudiantes de uno de los grupos se los “alentó” justo antes de empezar las tareas diciéndoles que había demostrado “ser muy buenos al realizar las diferentes tareas”. A los estudiantes del otro grupo se les animó diciéndoles que habían demostrado un gran nivel de esfuerzo y que esa era la clave para mejorar. 

Los resultados de este segundo grupo de tareas mostraron grandes diferencias entre los dos grupos. Las segundas tareas realizadas el grupo 1, fueron pobres e inferiores en comparación con las primeras. Por contra los resultados del grupo 2 (vía del esfuerzo) fueron mejores que los del grupo 1 y que los resultados de este grupo en la primera tanda de tareas. De este modo, los estudiantes que mostraron un “mentalidad fija” basada en que el nivel de rendimiento en un determinado ámbito era inamovible y dependía únicamente de lo que eran de forma natural y no de lo que podían conseguir a base de trabajo y de esfuerzo consiguieron buenos resultados porque entendían que por mucho que se esforzaran el resultado no iba a cambiar. Al esforzarse menos y al darse cuenta de que no lo estaban haciendo tan bien como ellos esperaban, se derrumbaban, porque de algún modo comprobaban que no eran tan “buenos” como ellos creían y que, por eso, iban a decepcionar a su profesora, que tan buen concepto tenía de ellos. 

Contrariamente los estudiantes que fueron alentados hacia el esfuerzo y que mostraron una “mentalidad de crecimiento” consiguieron mejores resultados porque no dejaron de concentrarse en cada una de las tarea marcadas sin tener en la opinión que tenían sobre el resultado que iban a obtener. Esto último los ayudó a lograr una mayor concentración en la actividad sin caer en pensamientos negativos. Este tipo de mentalidad es muy característica en los músicos de alto nivel.

De esta manera, se abre la puerta al eterno debate de la disputa entre naturaleza y entorno o entre “actitud” y “aptitud”. 

En mi opinión los niños deberían ser siempre educados en la mentalidad del crecimiento y en la cultura del esfuerzo, exigirles en la medida de sus capacidades y sorprendernos cuando nos demos cuenta de que eran mayores gracias al esfuerzo y al trabajo. 


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